domingo, 15 de diciembre de 2013

Se ha dado cuenta

De que ya no siente nada. Ella. Que sus ansias de chocolate solo son un grito que desea endulzar tanta desidia. Que se dedica a proclamar valores para impulsar al resto a vivir más intensamente, pero que cuando establece un diálogo con su "Yo" (el de la razón), no puede evitar sentir un vacío. Vacío que no sabe llenar sola. Que no puede si no es contigo. Más resulta egoísta ahogarte en tal responsabilidad ya que Ella nunca ha sido de las que necesiten de un "Tú", por eso ni te lo plantea(tonta).

Entretanto, se esconde detrás de las letras esperando el momento de no necesitar un brownie para sentir algo.


Un lápiz sin punta

Noches en vela

Las de mayor inspiración y desesperación. Esas en las que dos minutos de sueños te dicen más que veinte años de vida.
El motivo de sus ojeras es un miedo, más no cualquier miedo. Se trata de un miedo tan racional que parece de locos. De ese tipo de miedo que te impide descansar si no es acompañada. Un miedo que provoca sudores, temblores e incluso lágrimas. Miedo.
Sí, lo sé, ha debido perder la última tuerca que la mantenía cuerda durante alguna de sus largas duchas. 
No paro de preguntarme qué diría Freud ante esta situación... Mientras trato de averiguarlo voy corriendo a la ferretería a por una solución de urgencia.


Un lápiz sin punta

domingo, 8 de diciembre de 2013

Es inevitable

Ciertamente lo es. Le resulta inevitable, tras haberse sumergido en las páginas de un libro cuya historia es tan turbulenta, realizar una comparación. Ella y un capítulo sin cerrar, ahí radica la cuestión. Un capítulo que no deja de mandarle señales que la empujan a escribir una coma donde debería haber un punto.
Dos amantes de un mundo ficticio viven su triste y lúgubre vida, sabiendo que se aman más negando lo evidente, mientras ven el paso de los años a través de la ventana, hasta que en su rostro las arrugas, la certeza de la cercanía de la muerte y los achaques de la vida y la edad, les permiten vivir lo que de jóvenes no pudieron en su plenitud: amarse.Y todo eso es debido a que en su momento no supieron poner un punto final, uno definitivo, ese que termina un libro que no tiene continuación.

¿Valdría la pena una triste vida disfrazada de felicidad por el simple hecho de al final haber podido liberar sus corazones? 
No sabe ni qué pasará mañana y mucho menos dentro de 10 años, pero si ha de desear algo en esta lucha perdida, es acabar con el fantasma que, entre la hora del café y las buenas noches, le atormenta.

Un lápiz sin punta

sábado, 7 de diciembre de 2013

Tiempo

- Es un eterno lastre. Nos atormenta día sí y día también y, entre segundo y segundo, hace que se nos escapen las oportunidades. 
+ Oportunidades, ¿Cuántas habremos dejado pasar? Demasiadas decisiones.
- Poco tiempo.
+ ¿Miedo? 
- Sí, antes sí. Antes mucho. Demasiado. 
+ Supondré entonces que ahora eres más valiente.
- ¿Valiente?
+ Sí.
- ¿Que si soy más valiente por tener menos miedo? No. No se trata de eso. La cuestión gira en torno a las oportunidades y a lo que realmente quieras hacer con ellas. Verás, durante una larga temporada ansiaba algo sin saber realmente la razón, pero lo quería porque se suponía que era lo que debía hacer. Por fortuna, caí en lo más hondo de un pozo sin cuerda y allí, en la oscuridad más absoluta, pude ver mi oportunidad, mi luz, mía y de nadie más.
+ ¿Quieres decir qué todos tenemos nuestra luz personal?
- Así es, pero no todos son capaces de abrir los ojos para verla porque para eso sí que se requiere valentía.
+ Conforme hablas me ronda en la cabeza la idea de utopía.
- Lo cierto es que siento  inclinación hacia ellas porque ¿Hay algo más bello que luchar por un sueño, por una alternativa idealizada a la realidad? ¿Significa eso que vivo de ilusiones? No lo creo. Vivo no solo para soñar, sino para ver esos sueños realizados y sí, es posible, aunque improbable, que no se lleguen a cumplir en su plenitud. Pero si de algo puedo estar segura es que el camino valdrá la pena piedra a piedra.
+ Siempre y cuando tengas tiempo ¿No?
- (Suspiro) Aquel que no tenga tiempo para soñar... pobre muerto entre los vivos.


Un lápiz sin punta

viernes, 6 de diciembre de 2013

Fría

Siempre lo estaba. Casi nunca sentía y, entre tantos nunca, un día se topó de frente con Casualidad. Esta le guió hacia un camino desconocido, uno que Ella no controlaba. Ella. La pobre ingenua que creía que podía controlar hasta el más insignificante segundo de sus acciones. Fue lógico, entonces, que Casualidad le rompiera todo el guión. 
Mientras trataba de recoger los trozos de papel que le otorgaban el poder de la frialdad más hiriente, una mano apareció en su plano. Él. Más no cualquier "Él", sino el que siempre había dicho que nunca sería. Sin embargo, Ella, durante demasiado tiempo, tan solo vio una mano intrusa en sus malévolos planes, pues temía que si alzaba los ojos hacia Su mirada, la descongelación inundaría todo su circuito interno. 
Orgullo y atracción desbordante son dos cosas que jamás, repito, jamás debió mezclar, porque cuanta más sed tenía, más ansiaba destrozarse entre las verjas de la cárcel en la que se estaba condenando. De este modo, cuando bajo la guardia y Sus ojos conectaron, se declaró enferma terminal, pues para este caso no hubo medicina que la curase.

Un lápiz sin punta

Demostrable

Todo, prácticamente todo, puede ser demostrado científicamente. Entonces, casi cualquier mentira se puede convertir en verdad si se consiguen unos argumentos lo suficientemente creíbles. 

Yo, ni soy científica ni busco convenceros de mis mentiras, ni de mis verdades a medias y ni hablar de mis verdades absolutas. Tan solo soy un cúmulo de palabras desorganizadas que buscan un patrón, aunque sea tan solo para romperlo.

De hecho, es posible que nada de lo que escriba sea cierto. O quizás sí. Dejo el veredicto en vuestras manos.

Un lápiz sin punta